Examen y fórmula
Tu medida, afinada hasta que veas cómodo y no solo nítido.
Cómo es el examenÓptica
Aquí se toma la fórmula, se montan los lentes y se elige la montura. Quien te entrega las gafas es quien vio tus ojos.
Una fórmula mal tomada no se nota el primer día: se nota a la semana, con el dolor de cabeza que no cede o las gafas nuevas guardadas en el cajón. Casi nunca es el lente — es la medida, o cómo quedó montada en la montura. Por eso aquí la fórmula, el lente y la montura se deciden juntos.
Tu medida, afinada hasta que veas cómodo y no solo nítido.
Cómo es el examenMonofocal, bifocal, progresivo u ocupacional, con los tratamientos que pida tu día.
Ver los diseñosAcetato, metal, titanio y flexibles, elegidos para tu fórmula y para tu cara.
Cómo elegirCon y sin fórmula, y con filtro UV real — que es lo único que protege.
Ver opciones¿Ya tienes fórmula de otro lado? Sirve, y se puede montar tal cual. Solo se revisa que esté vigente y que la montura que elijas la admita.
El examen
Cuatro momentos. El tercero es el que más pesa y el que más se salta la gente con prisa: es donde tú decides, comparando, cuál de dos opciones se ve mejor.
Graduar la vista es una resta: cuánta potencia le falta o le sobra a tu ojo para que la imagen caiga justo en la retina. Se mide de dos maneras — una objetiva, que hace la máquina, y una subjetiva, que depende de lo que tú digas. La buena fórmula sale del acuerdo entre las dos.
A qué distancia te molesta, qué haces ocho horas al día, si conduces de noche.
El autorrefractómetro y la retinoscopia dan la primera cifra sin que tengas que opinar.
El «¿uno o dos?». Se compara de a dos y se busca la mínima potencia con la que veas nítido.
La fórmula en un armazón de prueba, y tú caminando con ella. Ahí sale el mareo o el suelo curvo.
¿Toca revisar la fórmula?
Escríbenos y cuadramos la cita. Si ya tienes fórmula reciente y solo quieres montar los lentes, dilo en el mensaje.
Los lentes
La fórmula dice cuánta potencia necesitas. El diseño dice cómo se reparte esa potencia en el lente — y eso lo decide a qué distancias vives.
Hasta los cuarenta y pocos el ojo enfoca solo y un monofocal basta. A partir de ahí el cristalino pierde elasticidad —eso es la presbicia, y le pasa a todo el mundo— y aparece el problema de ver bien a dos distancias con un solo par de gafas. Todo lo que sigue es cómo cada diseño resuelve eso, y qué se paga a cambio.
Qué hace que un lente cueste más: el diseño, el índice del material, los tratamientos que lleve encima y lo complicada que sea tu fórmula. Son cuatro decisiones, y algunas se pueden ajustar sin perder calidad de visión.
Es el lente de toda la vida y el más honesto: una sola graduación en toda la superficie. Corrige una distancia y lo hace sin zonas raras ni bordes que deformen.
Que sea el diseño más simple no quiere decir que todos los monofocales sean iguales. La diferencia está en el material y en el tallado: una superficie asférica reduce la distorsión en los bordes y adelgaza el lente, y eso se nota mucho a partir de las tres o cuatro dioptrías.
Si tu fórmula pasa de −4.00 o +4.00, pregunta por el índice del material antes que por nada más: es lo que decide el grosor del borde.
Dos zonas en el mismo lente, separadas por una línea visible: arriba para lejos, abajo para cerca. Es el diseño clásico para la presbicia, y sigue teniendo ventajas reales frente al progresivo.
La potencia cambia de forma continua desde arriba hasta abajo. No hay línea, no hay salto, y hay distancia intermedia — que es lo que el bifocal no tiene.
Las primeras dos semanas cuesta. Hay que aprender a apuntar con la cabeza en lugar de con los ojos: para leer, la barbilla baja; para mirar de lado, la cara gira. Casi todo el mundo se adapta; quien no lo consigue suele ser por un montaje mal centrado, no por el lente.
Es el diseño donde el montaje pesa más que en ningún otro: un par de milímetros de error en la altura del corredor y el lente no funciona, aunque la fórmula sea perfecta. Por eso se mide con la montura ya elegida y puesta en tu cara. Y necesita altura: una montura muy baja recorta el corredor, así que conviene saberlo antes de enamorarte de una.
Un progresivo recortado, pensado para interiores y no para la calle. Renuncia a la visión de lejos y usa todo ese espacio para ensanchar el intermedio y el cerca.
No sirven para conducir ni para caminar por la calle. Son unas gafas de escritorio y hay que asumir que se cambian al salir. Casi siempre son el segundo par de alguien que ya usa progresivos, no el único.
Si pasas más de seis horas al día frente a una pantalla y ya usas progresivos, este es probablemente el par que más vas a agradecer.
Monturas y gafas de sol
Elegir marco es lo divertido del proceso, y donde más se equivoca la gente — porque se elige mirando la montura sola, no la montura con tu fórmula dentro.
Tres reglas descartan media pared antes de probarte nada: fórmula alta pide marco pequeño, porque el aro grande engruesa el borde del lente; los progresivos piden marco alto, porque el corredor necesita altura vertical; y el ancho manda sobre el estilo — las bisagras deben quedar en línea con tus sienes.
Próximamente
El catálogo en línea está en camino
Mientras tanto, el muestrario completo está en la óptica y se puede consultar por WhatsApp: mándanos una foto de la montura que te gusta o dinos qué buscas.
Ven, pruébate y pregunta
Traes tu fórmula o te la tomamos aquí mismo. Sales con las gafas puestas y sabiendo por qué son esas y no otras.